Los que me conocen desde pequeñita saben que siempre he sido emprendedora (aunque claro, por aquel entonces no estaba “tan de moda” esto de ser emprendedor y se conocía más con esta niña es hiperactiva). Comenzamos (y hablo en plural porque intentaba meter siempre en mis locuras a mi hermana) haciendo muñecos de lana que luego vendíamos en el club, espacio donde hay una piscina y muchos clientes potenciales que no se pueden negar a la cara de una niña diciendo: ¿me lo compras? Y que tras un “Ay que niña más mona, sonrisa en la cara por nuestra parte incluida, ya teníamos una venta más y nuestros 5 duros en el bolsillo (eso sí que eran técnicas de marketing).

Fuente: Stock.xchng.

Tras esto llegaron las pulseras de hilos, esas en las que cogías un bolígrafo donde colocabas el inicio de tu pulsera y que luego colocabas en las piernas a la altura de las rodillas. Claro, aquí te dejabas las piernas destrozadas, sobre todo al clavarte el agujero del tapón del boli bic (señores del boli bic, entiendo que hicieran el agujero para evitar ahogamientos en los niños, pero mi generación se acordará por el daño que nos hacían en nuestro emprendimiento por la artesanía). Así que aquí entró el departamento de i+D+I, es decir, mi abuelo. Como buen manitas y buen abuelo, nos ideó una herramienta para no tener que dañarnos nuestras piernas, que consistía en un tubo que tenía un aplique para ponerlo en el respaldo de cualquier silla, este tubo se podía desmontar para poder sacar la pulsera de allí (no sabéis qué gran invento que agradecieron tanto nuestras piernas como nuestras espaldas). Hoy en día han creado una herramienta-juguete para hacer pulseras que hasta te separa los hilos!!

Aprendí a hacer ganchillo, a tejer, a bordar (con mi propio minibastidor), a través de la transmisión de conocimientos abuela&tíaabuela-nieta, herramientas que me sirvieron para ir mejorando mis productos.

Descubrí el mundo del reciclaje de velas gracias a mi tía, así esas velas que se quedan tan pequeñas que ya no se pueden encender las puedes derretir y meter en un bote de cristal (de esos de mayonesa, de aceitunas, de lo que sea) con su mecha et voilà, ya tenemos una nueva vela para esos momentos de apagón, creo que a partir de ahí empecé a entender el concepto de Sistema de Gestión del Medio Ambiente. Aunque por aquella época no se llamaba así…

Conocí el mundo de los abalorios y las cuentas (las bolitas que se usan para los collares y las pulseras) y de ahí empecé a diseñar pulseras, pendientes, collares y todo lo que iba pasando por mi cabeza y que, tanto mi madre como mi hermana, se dedicaban a difundir entre sus conocidos, es decir, mi departamento de comerciales. Por lo que empecé con mis tablas de presupuestos: materias primas, mano de trabajo (que normalmente infravaloraba), packaging… para que el hacer todas estas cosas me dieran un beneficio real, aunque estaba claro que al principio con la inversión había más pérdidas que ganancias.

Fuente: Stock.xchng.

Con el tiempo descubrí nuevos materiales (como el fieltro) y, como empecé a trabajar (de manera profesional en algo relacionado a lo que había estudiado), decidí que la mejor manera para seguir creando mis diseños era asociarme con otra persona. Además con las nuevas tecnologías y la llegada de los blogs, la forma de llegar a la gente era mucho más fácil. De aquí aprendí que no todas las asociaciones funcionan y que, aunque te puedes llevar a las mil maravillas con alguien, para trabajar eso no es suficiente. Así que decidí con el tiempo empezar de nuevo pero yo sola…

“No importa cuantas veces te caigas, sino que después de cada una te vuelvas a levantar”